Una crisis múltiple: la economía, los servicios sociales y la infraestructura están colapsando
«La profunda catástrofe humanitaria y económica que se está desarrollando hoy en Cuba constituye una emergencia cuya magnitud y gravedad afectan ya a casi todos los aspectos de la vida en la isla.», así describe Rita María García Morris, directora del CCRD-Cuba, la situación actual en el país. Sin embargo, esta situación no es nueva y sus causas son complejas. Además de los desafíos estructurales internos, como la baja productividad, la dependencia de las importaciones y la falta de reformas, el bloqueo de Estados Unidos, vigente desde hace más de 60 años, también juega un papel central. A principios de este año, las sanciones energéticas se endurecieron aún más bajo el gobierno de Trump. Esto dificulta cada vez más las importaciones de combustible, la obtención de créditos, las transacciones internacionales y el suministro de mercancías. Pero quien se ve especialmente afectada es la población civil, que sufre las consecuencias del bloqueo geopolítico.
El hambre y la pobreza pesa sobre los hombros de la población
Estudios recientes muestran que alrededor del 89 % de las cubanas y los cubanos viven en pobreza extrema. Esto equivale a más de 9 millones de personas. Los ingresos promedio de las cubanas y los cubanos a menudo ni siquiera alcanzan para cubrir lo más básico, como alimentos, transporte o una vivienda estable. Muchas personas tratan de sobrevivir día a día. Las familias deben reducir sus comidas y dependen de las remesas del extranjero o de la economía informal. La vida cotidiana está marcada por la escasez. En la capital, a menudo hay cortes de luz de más de 20 horas seguidas; en las zonas rurales del país, incluso hasta 72 horas, explica García Morris. Esto afecta enormemente la calidad de vida de la población y dificulta el funcionamiento de hospitales, escuelas y almacenes de alimentos. Además, la escasez de combustible provoca interrupciones frecuentes en el transporte público y paraliza la agricultura local. Más del 70 % de la población no tiene acceso confiable al agua potable. La recolección de basura también se ha colapsado en muchos lugares, con consecuencias para la higiene, el medio ambiente y la salud.
Las personas mayores, las familias y las personas con discapacidad se ven especialmente afectadas
Más de una cuarta parte de la población cubana tiene más de 60 años. Muchas personas mayores viven solas y se ven obligadas a seguir trabajando a pesar de su edad, ya que las pensiones apenas alcanzan para sobrevivir. Además, solo está disponible poco menos de un tercio de los medicamentos esenciales. Las personas con enfermedades crónicas se ven particularmente afectadas. Al mismo tiempo, cada vez más profesionales calificados, y en especial médicos y médicas, salen del país. Faltan servicios de atención y redes sociales estables como consecuencia de la emigración, la pobreza y la reducción del apoyo estatal. La carga sobre las familias, sobre todo sobre las mujeres, aumenta considerablemente. Muchas personas solo pueden comer una vez al día y una gran parte de las niñas y los niños sufre mucho por la escasez de alimentos. Las frutas, las verduras o los alimentos con proteínas son prácticamente inaccesibles para muchos. Las escuelas, que antes funcionaban como espacios seguros de protección social, hoy se encuentran en muy mal estado y carecen de personal docente. Los centros de atención de jornada completa, a menudo destinados a niñas y niños especialmente vulnerables, intentan garantizar un mínimo de atención en condiciones extremas. La movilidad sin barreras, los dispositivos de apoyo como sillas de ruedas o audífonos, y el apoyo social para las personas con discapacidad y sus familiares son prácticamente inaccesibles.
Un llamado a la solidaridad internacional
La directora del CCRD-Cuba advierte que no se debe considerar la situación actual en Cuba solo como una etapa difícil: «la situación actual en Cuba no es simplemente un momento difícil, sino un punto de inflexión con implicaciones a largo plazo para el bienestar de millones de personas y que la población cubana no está en posición de realizar los cambios impostergables que demanda la Nación. Reconocer la complejidad de esta crisis es esencial para diseñar respuestas que sean eficaces, humanas y basadas en las realidades vividas por la población cubana.» Para resolver esta crisis multidimensional, se necesita protección para la población, el fin de la violencia estatal y reformas integrales que permitan más libertad y un mejor gobierno. También en la cooperación internacional, el enfoque debe centrarse en las necesidades y la dignidad de las personas. «Este apoyo llega en un momento crítico para sostener la dignidad y la supervivencia de niños, personas mayores, personas con discapacidad y familias en situación de extrema fragilidad», dice García Morris. Si bien no resuelve la crisis por sí sola, la acción humanitaria protege vidas y fortalece las capacidades locales. Y devuelve la esperanza allí donde más se necesita. Precisamente por eso es importante nuestra acción solidaria ahora.
AWO International entra en acción
AWO International, junto con la organización coparte Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD-Cuba), está trabajando a nivel local y brindando ayuda de emergencia rápida y directa: distribuimos paquetes con alimentos como arroz, frijoles y aceite, así como kits de higiene con jabón y detergente a las personas más afectadas. Para ello, colaboramos con escuelas, centros para personas con discapacidad y un hogar de ancianos. El apoyo a estas instituciones permite aliviar la carga sobre la infraestructura social de las comunidades y mantener el funcionamiento de los espacios de protección para los grupos especialmente vulnerables. Además, apoyamos directamente a 15 familias con madres solteras. Los paquetes de alimentos suponen un alivio para las familias y contrarrestan la desnutrición infantil. La instalación de paneles solares garantiza, además, el suministro eléctrico de una residencia de ancianos, lo que permite asegurar el acceso al agua potable y la preparación de comidas. Con nuestro trabajo llegamos a 300 personas en las comunidades de Colón y Cárdenas.
Para poder llevar a cabo estas medidas de emergencia, dependemos de su apoyo. Cada donación ayuda a contrarrestar el hambre y la pobreza y a dar esperanza a las personas.